La excusa perfecta

No puedo ir a clase. Mi perro está enfermo.

No puedo ir a clase. Mi perro está enfermo.

Hay una mujer que se llama Nancy. Es una mujer inteligente, fuerte y mediana. O sea, no es ni alta ni baja. Es de Los Ángeles, California. Vive en Los Ángeles en una casa pequeña. Vive con su perro Buddy. Nancy es estudiante en la universidad. Este trimestre, Nancy toma cuatro cursos. Toma un curso de matemáticas, un curso de ciencias naturales, un curso de español y un curso de psicología.

Un lunes de mayo, Nancy está en su casa. Son las siete y media de la mañana. Ella piensa: «Ay, ay, ay. Hoy tengo un examen difícil de psicología. No quiero tomar el examen. Es un examen difícil. Quiero dormir[1]».

A las siete y media su perro Buddy entra en su cuarto. El perro dice:

—Guau, guau.

Sabes que[2] yo no hablo inglés —dice Nancy—. En español, por favor.

—Son las siete y media. Tienes que ir a la universidad —dice Buddy.

—No quiero ir a la universidad. Tengo un examen difícil de psicología. Necesito una excusa.

En ese momento, Buddy vomita en el suelo[3].

—¡Gracias, Buddy! —dice Nancy—. Es la excusa perfecta. 

—De nada —dice Buddy.

Entonces[4], Nancy escribe un mensaje a su profesor de psicología:

Hola, profe. Soy Nancy. Soy estudiante en su clase de psicología. Mi clase es a las nueve de la mañana. No puedo ir a clase a las nueve. Mi perro está enfermo.

Sinceramente,

Nancy

[1]dormir to sleep
[2]sabes que you know that
[3]suelo ground
[4]entonces so, then


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