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Ya me dio hambre

Cuando me da hambre, me pongo enojado muy fácilmente. Debo comer algo…

Cuando me da hambre, me pongo enojado muy fácilmente. Debo comer algo…

Había dos mujeres que se llamaban Beatriz y Fernanda. Ellas eran primas y tenían muchas semejanzas[1]. Eran jóvenes, pero Fernanda era la mayor de las dos. Fernanda tenía veintiún años y Beatriz sólo tenía veinte. A las primas les gustaba comer. Ellas comían mucho todos los días, especialmente cuando había tacos.

Obviamente, las dos tenían diferencias también. Por un lado[2], Fernanda era más bonita que su prima, que era un poco fea. Por otro lado[3], Beatriz tenía el pelo un poco más largo que Fernanda. Fernanda tenía novio. Beatriz no tenía novio, pero quería uno. Quería que el novio de Fernanda fuera[4] su novio.

Un día, las mujeres estaban en la cárcel visitando al novio de Fernanda (Él era prisionero ahí, pero eso es otro cuento). Después de pasar un rato[5] en la cárcel, ellas salieron para su casa. 

Una vez que estaban afuera, ellas empezaron a caminar a su casa rápidamente. Mientras caminaban, le dio hambre a Fernanda. Entonces Fernanda entró en la casa más cercana. Ella fue directamente a la refrigeradora y sacó las tortillas, el queso, la cebolla, el tomate, la lechuga, el jalapeño y se sirvió un taco riquísimo. Después de comérselo, Fernanda volvió con su prima y ellas siguieron[6] caminando.

Luego, las primas estaban caminando otra vez a su casa. Caminaban lentamente porque Fernanda estaba muy llena[7]. Ellas caminaban cuando le dio sed a Beatriz. Así que ella entró en la casa más cercana y fue directamente a la refri. Ella sacó dos galones de Gatorade y los bebió rápidamente. Después de terminar el Gatorade, Beatriz volvió con su prima y ellas siguieron caminando.

Otra vez las primas estaban caminando a su casa cuando les dio sueño a las dos. Entonces ellas entraron en la casa más cercana y fueron directamente al sofá. Ellas se acostaron en el sofá y se durmieron. No sabían que estaban en la casa de J-Lo.

En ese momento, J-Lo volvió a su casa y vio a las mujeres que dormían en su sofá. Entonces J-Lo sacó a sus dos perros (eran perros chihuahuas muy feroces). Beatriz y Fernanda se despertaron y se asustaron. Ellas salieron corriendo de la casa.

[1]semajanzas similarities
[2]por un lado on one side (on one hand)
[3]por otro lado on the other side (on the other hand)
[4]quería que el novio de Fernanda fuera… She wanted that Fernanda’s boyfriend were
[5]pasar un rato spend a while
[6]siguieron continuaron
[7]llena full

Mira lo que me hiciste hacer

El ciempiés es un bicho muy raro. Parece que son muchos bichos atados. Yo lo vi y me acuerdo de un tren. Le cuento las patas y llegan al cien.

El ciempiés es un bicho muy raro. Parece que son muchos bichos atados. Yo lo vi y me acuerdo de un tren. Le cuento las patas y llegan al cien.

Hay una mujer que se llama Cristina. Es una mujer joven e inteligente. Vive en Los Ángeles, California, la ciudad de las celebridades. A Cristina le encanta caminar por la ciudad. Ella camina por las plazas y los parques todos los días. Mientras camina, ella se encuentra con personas famosas con mucha frecuencia. Le encanta conocer a celebridades.

Un día, Cristina camina por la ciudad. Mientras camina, ella se encuentra con Taylor Swift. Taylor Swift lleva algo en la mano, pero Cristina no le pone mucha atención. Está muy emocionada para conocer a su ídolo. Ella le dice a Taylor Swift:

—¡Hola, Taylor! ¡Soy Cristina! ¡Es un placer conocerla a usted!

—Buenas tardes, Cristina —dice Taylor Swift, locamente—. Quiero que veas[1] algo… ¡Mira lo que encontré[2]!

Taylor Swift le muestra un ciempiés[3]. Luego se lo da[4] a Cristina. Antes de partir, Taylor Swift también le da este consejo[5]:

—Es importante que sepas[6] algo… Este ciempiés es mágico. Si lo comes, te volverás[7] tan famosa como yo.

—¿¡En serio!? —le pregunta Cristina, muy asombrada[8].

—Sí —continua Taylor Swift—, en serio. Pero sólo es mágico si lo cocinas primero. Así que recomiendo que lo cocines antes de comerlo.

—Gracias por el consejo —dice Cristina—. Adiós.

Con el ciempiés mágico en la mano, Cristina regresa a su apartamento. Ella tiene mucha hambre. Decide comer el ciempiés mágico. Entonces ella recuerda el consejo de Taylor Swift: «recomiendo que lo cocines antes de comerlo». Así que Cristina saca una olla[9] y cocina el ciempiés. Cuando el ciempiés está bien cocinado, ella lo saca de la olla y lo come rápidamente.

Inmediatamente, Cristina empieza a toser[10]. No puede respirar. Se cae al suelo. Ella sabe que pronto va a morir[11]. Está a punto de morir cuando Taylor Swift entra al apartamento de Cristina. Le dice:

—Mira lo que me hiciste hacer. Lo siento, la Cristina vieja no puede venir al teléfono ahora. ¿Por qué no? Oh, porque está muerta.

[1] Quiero que veas algo… I want you to see something (veas is a form of ver)
[2] lo que encontré… what I found (lit. that which I found)
[3] ciempiés… centipede
[4] se lo da… gives it to her
[5] consejo… advice
[6] sepas… you know (sepas is a form of saber)
[7] te volverás… you’ll become (the –ás at the end of volver means future)
[8] asombrada… astonished
[9] olla… pot
[10] toser… to cough
[11] morir… to die

Una solución real

¿Te gustaría hacer una fiesta en un castillo?

¿Te gustaría hacer una fiesta en un castillo?

Un hombre bajo, corpulento[1] y medio calvo[2] estaba parado[3] delante de una multitud[4] enorme. La gente clamaba porque tenían hambre y sed. El hombre parecía[5] nervioso y los clamores de la multitud le ponían más nervioso todavía[6].

  —Muy buenas tardes —dijo el hombre, intranquilo—. Yo les quiero decir que entiendo su sufrimiento[7].

  —¡Usted no entiende nada! —gritó una voz de la multitud.

  —¡Tenemos sed! ¡Tenemos hambre! —gritó otra voz.

  —Ustedes tienen razón —dijo el hombre, pensativo—. Yo no entiendo sus problemas. Yo soy el rey de este país. Yo no tengo hambre ni sed.

La multitud estaba enojada. Las personas empezaron a clamar aún más[8]. Ahora el rey estaba más nervioso que nunca[9]. Entonces se le ocurrió[10] una idea. Les dijo a sus sujetos:

  —Aquel castillo[11] grande allá. ¿Por qué no vienen todos ustedes a mi casa? Allí hay mucha comida y refrescos. ¡Vamos a hacer una fiesta!

Entonces todos fueron a la casa del rey e hicieron una fiesta. Todos estaban contentos porque ya no tenían hambre.

Preguntas. Lee las siguientes preguntas y piensa en una respuesta. Luego, escribe tus respuestas en una hoja de papel. Trata de responder usando frases completas.

  1. ¿Quién es el hombre que está delante de una multitud? ¿Cómo es?
  2. ¿Qué es lo que quiere la multitud? ¿Por qué? ¿Cómo resuelve[12] el hombre su problema?
  3. ¿Te gustan las fiestas? ¿Cuál fue la mejor fiesta que tuviste?

[1] corpulento… gordo
[2] medio calvo… half bald
[3] parado… standing
[4] multitud… crowd
[5] parecía… seemed
[6] le ponían más nervioso todavía… made him even more nervous
[7] sufrimiento… suffering
[8] aún más… even more
[9] nunca… never, ever
[10] se le ocurrió… it occurred to him
[11] aquel castillo… that castle (over there)
[12] resuelve… resolves

El mejor lugar de tomar un cafecito

Aquí puedes ver uno de los famosos ascensores de Valparaíso, Chile.

Aquí puedes ver uno de los famosos ascensores de Valparaíso, Chile.

Había un hombre malo llamado Horacio. Era el mejor[1] ladrón[2] de Valparaíso, Chile. Quería jubilarse[3], así que decidió robar un banco. Eligió[4] el banco más cercano de su casa porque era grande y él quería robar muchísimo dinero.

El lunes, Horacio fue al banco. Entró al banco y empezó a observar lo que pasaba[5] a su alrededor[6]. Había una fila de tres personas. Un hombre hablaba por teléfono y dos mujeres platicaban sobre el clima. También había una viejita sentada en un sillón[7]. Ella leía el periódico y tomaba un cafecito. El cajero[8] contaba el dinero cuidadosamente[9].

De repente, Horacio sacó un cuchillo[10] de su bolsillo[11] y caminó al mostrador[12].

  —Deme[13] todo el dinero que hay en la bóveda[14]. —le dijo Horacio al cajero—. Déjelo en el mostrador. ¡Rápido!

El cajero puso todo el dinero en el mostrador y Horacio lo puso en su bolsillo. Entonces salió a la calle.

Una vez en la calle, Horacio se subió a uno de los ascensores[15] famosos de Valparaíso. En el ascensor, el ladrón sacó su dinero y empezó a contarlo.

  —Diez mil pesos[16] —dijo Horacio cuando terminó de contar—. Bueno... no puedo jubilarme todavía, pero ahora puedo comprar uno de esos fidget spinners.

 Preguntas. Lee las siguientes preguntas y piensa en una respuesta. Luego, escribe tus respuestas en una hoja de papel. Trata de escribir usando frases completas.

  1. ¿Quién es Horacio? ¿Por qué era “famoso”?

  2. ¿Quién le dio el dinero a Horacio? ¿Por qué se lo dio?

  3. ¿Qué haces tú cuando quieres comprar un “juguete”?

[1] mejor… best
[2] ladrón… thief
[3] jubilarse… retire
[4] eligió… he picked
[5] pasaba… was happening
[6] su alrededor… around him
[7] sillón… comfy chair, easy chair
[8] cajero… teller, cashier
[9] cuidadosamente… carefully
[10] cuchillo… knife
[11] bolsillo… pocket
[12] mostrador… counter
[13] deme… give me (a form of dar)
[14] bóveda… vault
[15] ascensor… elevator
[16] At the time of this writing, 10,000 Chilean pesos is roughly $15 USD

El cantante — Guest Author Alicia Quintero

The following short story was written by guest author A.C. Quintero. Alicia is a Spanish teacher and has authored many stories in Spanish, including a novel for level 1+ students that I really enjoyed: La clase de confesiones. You can also check out her blog Teaching Spanish for Conceptual Learning or Teaching Spanish Made Easy.

El cantante tells the story of a boy who just cannot keep his feelings to himself any longer, and a teacher who has had just about enough of adolescent love.

You can follow Alicia on twitter at @klasekastellano and on Facebook at https://www.facebook.com/teachingspanishmadeasy/.


El cantante

 Era una mañana tranquila. La profesora Díaz mostraba un video sobre el Día de los Muertos a sus estudiantes. Daniel escuchaba con atención porque le encantaba el evento cultural. La profesora les dijo que la próxima semana iba a haber Pan de los Muertos para todos los estudiantes durante su visita al Museo de Artes Mexicanas en Pilsen, Chicago.

  «Qué delicioso», pensó él.

 Daniel miraba atentamente el video cuando escuchó la voz de su amigo loco: Max.  

 —Danny, Danny —susurró Max.

 —¿Qué quieres? —preguntó Daniel.

 —¿De verdad estás mirando este video sobre el Día de Las Brujas? —preguntó Max.

 —Max, estamos aprendiendo sobre el Día de los Muertos y no el Día de las Brujas; hay una gran diferencia —explicó Daniel, en un tono irritado.

 —Pues, es el momento —dijo Max.

 —¿El momento para qué? - preguntó Daniel, confundido.

 —Voy a cantar a Diana —declaró Max.

 —¿Vas a cantar a Diana? ¿Cuándo?  —preguntó Daniel.

 —Ahora mismo —confesó Max.

 —Hmm… ¿Cuál es tu comida favorita y tu música favorita? —preguntó Daniel.

 —¿Por qué? —respondió Max. Él no comprendió la pregunta.  

 —Pues, porque voy a hacer tu altar para el Día de los Muertos. Si cantas a Diana en la clase de la Señora Díaz, ¡la muerte te espera! —dijo Daniel.

 —Diana vale la pena… yo estoy muerto sin ella —dijo Max, mirando románticamente a Diana.

 La profesora notó que los dos amigos estaban hablando durante la lección.

 —Danny, ¿por qué las personas ponen el agua en el altar? —preguntó la profesora.

 —Las personas ponen el agua porque las almas tienen sed —respondió Daniel.  

 —Buena respuesta… y las velas, ¿por qué ponen las velas… Max? —le preguntó la profesor.

 Max no sabía la respuesta. Él estaba muy confundido porque pensó que el Día de los Muertos era como el Día de las Brujas.

 De repente, miró a Diana y en ese momento los rayos del sol entraron por la ventana y iluminaba el salón. Max miró a Diana. Ella Parecía tener un halo sobre la cabeza formados por los rayos del sol. En este momento, Max supo la respuesta. En una voz romántica dijo:

 —“Las velas son para iluminar el camino, guían a los almas a sus “seres queridos” —dijo Max. Él miró a Diana cuando dijo “seres queridos”.

 —¡Caramba! Estoy impresionada —dijo la profesora—. Y yo pensé que no escuchabas en la clase.

 Ella continuó con la lección. Le mostraba a la clase “el cempasúchil”, la flor de muertos.  

 —Tengo que cantar a Diana ya… no puedo esperar —declaró Max.

 —¡Max, no!  —gritó Daniel.

 Max no le prestó atención y dos segundos más tarde, él saltó sobre el escritorio y cantó a Diana. Le cantó la letra de Despacito, la canción de Luis Fonsi.

La profesora hablaba cuando escuchó la voz de Max; él cantaba a Diana.  

“Sí, sabes que ya llevo un rato mirándote

 Tengo que bailar contigo hoy ”

 —¡Max! —gritó la profesora—. ¿Qué estás haciendo?

 Pero, Max no le prestó atención porque cantaba a Diana.

“Tú, tú eres el imán y yo soy el metal

Me voy acercando y voy armando el plan

Solo con pensarlo se acelera el pulso (Oh yeah)”.

 —Max, ven aquí ahora mismo —ordenó la profesora. Pero, Max seguía cantando a Diana:

“Sabes que tu corazón conmigo te hace bom bom”.

 —Ah, bueno, yo entiendo. Tú piensas que no te puedo atrapar. Yo tengo 40 años pero yo no soy ninguna vieja. Te voy a atrapar ¡Vas a ver! —dijo la profesora con una sonrisa maniática.     

 En ese momento, ella se quitó los zapatos, saltó sobre un escritorio y corrió detrás de Max. Los dos saltaban de escritorio en escritorio.

 —¡Te voy a atrapar! —repetía la profesora.

 —Corre Max, Corre Max —gritaban los estudiantes.

 Max corrió. Ella corrió detrás de Max y... ¡Pum! Por fin, ella atrapó a Max.

 —¡Te atrapé! ¡Ja! ¡Te atrapé! —dijo la profesora con una risa maniática.

 —Te mando a la oficina del director, ahora mismo —dijo la profesora.

 Max fue a la oficina del director, pero antes de salir del salón, miró a Diana otra vez y cantó:

“Tú, tú eres el imán y yo soy el metal”.

 Diana sonrió. Ella estaba feliz.

 Luego, Max entró en la oficina del director.

 —¿Otra vez saltaste sobre el escritorio y cantaste a Rebecca? Ya sabes que a ella no le gustas.

Max respondió: No papá, esta vez no canté a Rebecca, hoy canté a Diana.

 —¿Diana? ¿La hija de la señora Díaz? —preguntó el director.

 —Sí, ella —respondió Max.

 —Pues, ¡buena elección hijo!...Ahora, regresa a clase y ¡no cantes más! —ordenó el director.