Guest Author

En boca cerrada no entran moscas

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Mi novia y yo tenemos muchas citas. Siempre vamos a lugares interesantes y hacemos actividades extremos. No sé, supongo que nos gusta tener miedo.

En nuestra primera cita hicimos paracaidismo[1]. Como tenemos miedo de volar en los aviones, fue fácil saltar. No tenemos miedo de las caídas.

En nuestra segunda cita fuimos al parque de atracciones[2]. Subimos a la montaña rusa[3] más alto del mundo. Como tenemos miedo de las alturas, la bajada fue muy divertida. Estábamos cada vez más cerca del suelo.  No tenemos miedo del suelo.

Este viernes no fue diferente. En nuestra tercera cita, fuimos a visitar al dentista. Como tenemos mucho miedo del dentista, no quisimos[4] abrir la boca durante diez minutos.

El dentista pedía y pedía que abriéramos[5] la boca. Además de yo tener miedo, este dentista era hablador. Hablaba demasiado. Eso me molestaba mucho y yo quería que él se callara[6].

Entonces recordé la frase que siempre repetía mi mamá cuando ella quería un poco de silencio en la casa. Decidí repetir la frase para el dentista.

—En boca cerrada no entran moscas —le dije al dentista, apenas[7] abriendo la boca. 

[1] paracaidismo… skydiving
[2] parque de atracciones… theme park
[3] montaña rusa… roller coaster
[4] no quisimos… we refused (quisimos is a form of querer)
[5] abriéramos… that we open (abriéramos is a form of abrir)
[6] se callara… that he shut up (callara is a form of callar)
[7] apenas… hardly

El cantante — Guest Author Alicia Quintero

The following short story was written by guest author A.C. Quintero. Alicia is a Spanish teacher and has authored many stories in Spanish, including a novel for level 1+ students that I really enjoyed: La clase de confesiones. You can also check out her blog Teaching Spanish for Conceptual Learning or Teaching Spanish Made Easy.

El cantante tells the story of a boy who just cannot keep his feelings to himself any longer, and a teacher who has had just about enough of adolescent love.

You can follow Alicia on twitter at @klasekastellano and on Facebook at https://www.facebook.com/teachingspanishmadeasy/.


El cantante

 Era una mañana tranquila. La profesora Díaz mostraba un video sobre el Día de los Muertos a sus estudiantes. Daniel escuchaba con atención porque le encantaba el evento cultural. La profesora les dijo que la próxima semana iba a haber Pan de los Muertos para todos los estudiantes durante su visita al Museo de Artes Mexicanas en Pilsen, Chicago.

  «Qué delicioso», pensó él.

 Daniel miraba atentamente el video cuando escuchó la voz de su amigo loco: Max.  

 —Danny, Danny —susurró Max.

 —¿Qué quieres? —preguntó Daniel.

 —¿De verdad estás mirando este video sobre el Día de Las Brujas? —preguntó Max.

 —Max, estamos aprendiendo sobre el Día de los Muertos y no el Día de las Brujas; hay una gran diferencia —explicó Daniel, en un tono irritado.

 —Pues, es el momento —dijo Max.

 —¿El momento para qué? - preguntó Daniel, confundido.

 —Voy a cantar a Diana —declaró Max.

 —¿Vas a cantar a Diana? ¿Cuándo?  —preguntó Daniel.

 —Ahora mismo —confesó Max.

 —Hmm… ¿Cuál es tu comida favorita y tu música favorita? —preguntó Daniel.

 —¿Por qué? —respondió Max. Él no comprendió la pregunta.  

 —Pues, porque voy a hacer tu altar para el Día de los Muertos. Si cantas a Diana en la clase de la Señora Díaz, ¡la muerte te espera! —dijo Daniel.

 —Diana vale la pena… yo estoy muerto sin ella —dijo Max, mirando románticamente a Diana.

 La profesora notó que los dos amigos estaban hablando durante la lección.

 —Danny, ¿por qué las personas ponen el agua en el altar? —preguntó la profesora.

 —Las personas ponen el agua porque las almas tienen sed —respondió Daniel.  

 —Buena respuesta… y las velas, ¿por qué ponen las velas… Max? —le preguntó la profesor.

 Max no sabía la respuesta. Él estaba muy confundido porque pensó que el Día de los Muertos era como el Día de las Brujas.

 De repente, miró a Diana y en ese momento los rayos del sol entraron por la ventana y iluminaba el salón. Max miró a Diana. Ella Parecía tener un halo sobre la cabeza formados por los rayos del sol. En este momento, Max supo la respuesta. En una voz romántica dijo:

 —“Las velas son para iluminar el camino, guían a los almas a sus “seres queridos” —dijo Max. Él miró a Diana cuando dijo “seres queridos”.

 —¡Caramba! Estoy impresionada —dijo la profesora—. Y yo pensé que no escuchabas en la clase.

 Ella continuó con la lección. Le mostraba a la clase “el cempasúchil”, la flor de muertos.  

 —Tengo que cantar a Diana ya… no puedo esperar —declaró Max.

 —¡Max, no!  —gritó Daniel.

 Max no le prestó atención y dos segundos más tarde, él saltó sobre el escritorio y cantó a Diana. Le cantó la letra de Despacito, la canción de Luis Fonsi.

La profesora hablaba cuando escuchó la voz de Max; él cantaba a Diana.  

“Sí, sabes que ya llevo un rato mirándote

 Tengo que bailar contigo hoy ”

 —¡Max! —gritó la profesora—. ¿Qué estás haciendo?

 Pero, Max no le prestó atención porque cantaba a Diana.

“Tú, tú eres el imán y yo soy el metal

Me voy acercando y voy armando el plan

Solo con pensarlo se acelera el pulso (Oh yeah)”.

 —Max, ven aquí ahora mismo —ordenó la profesora. Pero, Max seguía cantando a Diana:

“Sabes que tu corazón conmigo te hace bom bom”.

 —Ah, bueno, yo entiendo. Tú piensas que no te puedo atrapar. Yo tengo 40 años pero yo no soy ninguna vieja. Te voy a atrapar ¡Vas a ver! —dijo la profesora con una sonrisa maniática.     

 En ese momento, ella se quitó los zapatos, saltó sobre un escritorio y corrió detrás de Max. Los dos saltaban de escritorio en escritorio.

 —¡Te voy a atrapar! —repetía la profesora.

 —Corre Max, Corre Max —gritaban los estudiantes.

 Max corrió. Ella corrió detrás de Max y... ¡Pum! Por fin, ella atrapó a Max.

 —¡Te atrapé! ¡Ja! ¡Te atrapé! —dijo la profesora con una risa maniática.

 —Te mando a la oficina del director, ahora mismo —dijo la profesora.

 Max fue a la oficina del director, pero antes de salir del salón, miró a Diana otra vez y cantó:

“Tú, tú eres el imán y yo soy el metal”.

 Diana sonrió. Ella estaba feliz.

 Luego, Max entró en la oficina del director.

 —¿Otra vez saltaste sobre el escritorio y cantaste a Rebecca? Ya sabes que a ella no le gustas.

Max respondió: No papá, esta vez no canté a Rebecca, hoy canté a Diana.

 —¿Diana? ¿La hija de la señora Díaz? —preguntó el director.

 —Sí, ella —respondió Max.

 —Pues, ¡buena elección hijo!...Ahora, regresa a clase y ¡no cantes más! —ordenó el director.