Una relación desequilibrada

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Elena no quiere decepcionar a su novio Mario. Él no espera que vayan a todos los restaurantes elegantes de la ciudad. Pero es cierto que quiere conocer muchos. Cuando salen a comer a algún restaurante, Mario siempre pide el plato más caro del menú. Elena tiene miedo de ver la cuenta al final de la cena.

No es que Elena sea pobre. Ella trabaja en finanzas y gana buen dinero. Necesita trabajar unas horas extras, pero siempre logra mantener a su novio, que no trabaja mucho. Elena sabe que su novio es un chico sofisticado. Él está acostumbrado a un cierto nivel de vida.

La pareja vive en Escasú, un suburbio lujoso de San José, Costa Rica. Ellos salen mucho a los restaurantes para probar la comida deliciosa. Pero después de dos años juntos, Elena tiene la sensación de que Mario esté aburrido. Ella quiere hacer algo para darle vida a su relación. Así que Elena hace un plan para hacer un viaje especial a Moscú, Rusia.

El 14 de febrero ellos se suben a un avión grande. Mario no tiene ni idea adónde van. El viaje es una sorpresa para el Día de San Valentín. Cuando el asistente de vuelo les dice a los pasajeros que su destino es Moscú, Mario está entusiasmado. Nunca ha viajado a Rusia antes. Después de muchas horas el avión aterriza en la capital rusa.

Los novios tienen frío cuando llegan al hotel. Ellos no están acostumbrados al clima de Rusia y su ropa es más apropiada para la vida tropical. Así que deciden descongelarse un poco en el hotel antes de ir a la cena.

A eso de las ocho de la noche se suben a un taxi y van a la Plaza Roja. Van a un restaurante que está cerca de la plaza para tomar un chocolate caliente. Entran al restaurante y están muy sorprendidos. Allí, en ese mismo restaurante, está Vladimir Putin. El presidente ruso está tomando un café solo de una taza roja de cerámica.

Mario, quien es muy sofisticado, colecciona finas tazas de porcelana. Quiere mucho tener la taza del presidente Putin para su colección. Así que Mario va al presidente y le dice:

—Buenas noches, señor presidente. ¿Podría pedirle algo a usted?

Vladimir no dice nada, entonces Mario sigue hablando:

—Verá, yo colecciono finas tazas de porcelana. Me gustaría mucho tener su taza para mi colección.

El presidente Putin todavía no dice nada, pero le da una mirada a uno de sus guardaespaldas. Un hombre grande viene a la mesa. Él saca un par de esposas y arresta a Mario. Entonces Vladimir Putin dice:

—No, usted no puede tener mi taza. Es mi taza. Dimitri, quiero que metas a este hombre en la cárcel.

Y así hace el guardaespaldas del presidente Putin, a pesar de las peticiones de sensatez de Elena.

A la mañana siguiente Elena vuelve a San José sin su novio. Va al café del aeropuerto y toma un agua mineral. Ella reflexiona sobre la experiencia del día anterior. Por un lado Elena está triste porque su novio está en una cárcel rusa… Pero por otro lado ya no tiene que mantener a Mario, el perezoso.