El cautivo


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A quién corresponda:

Si usted está leyendo esta carta es porque el destino está a nuestro lado. Necesito su ayuda inmediata. No puedo recordar mucho de lo que pasó después de la explosión que hubo en mi residencia personal, pero es muy probable que mi vida esté en peligro todavía. Si no me equivoco hoy es el dos de noviembre y hace tres semanas que fui secuestrado. Desafortunadamente, no tengo mucha información sobre me ubicación actual… me duele la cabeza y no me acuerdo de casi nada… Sólo sé que mis captores me han metido en una habitación pequeña en algún sitio debajo de la capital del país. Parece uno de esos búnkeres oscuros en los que se escondían los presidentes norteamericanos de los años 60. 

Me han dicho mis captores que mi secuestro fue para protegerme de un peligro exterior, pero yo no puedo confiar en ellos… No creo que digan la verdad. Extrañamente, sin embargo, me han dado de comer y beber. Y si estoy siendo honesto la comida no ha estado mal. De todas maneras tengo que salir de esta prisión subterránea. La falta de sol y aire fresco me está volviendo loco. Por favor, le ruego a usted que haga todo lo necesario para encontrarme lo más pronto posible. 

Si usted logra liberarme de este infierno estaré extremadamente agradecido. Que yo sepa no tengo dinero que entregarle a usted como recompensa por rescatarme. Así, le ofrezco un favor. Sé que no es mucho pero en las circunstancias adecuadas los favores pueden valer hasta más que el dinero. 

No sé por qué pero tengo la extraña sensación de que esta carta llegará a las manos apropiadas. Por favor, no tarde mucho en llegar. Quizá el destino del mundo entero dependa de sus acciones.

Lo espero atentamente,

     Rafael Gutiérrez Peña, Presidente de la República